La visita ginecológica consiste en el examen físico que permite evaluar el aparato genital femenino (útero y ovarios) y examinar el cuello uterino (cervix), vagina y genitales externos.
Los dosajes hormonales se efectuan haciendo una extracción de sangre a la paciente para medir los niveles de hormonas particulares tales como: hormona folículo estimulante (FSH), hormona luteinizante (LH), estrógenos, prolactina, hormonas tiroideas y andrógenos. Todas ellas están involucradas en el mecanismo de la ovulación y permiten determinar el correcto funcionamiento del ciclo en la mujer y evindenciar posibles patologías.
La ecografía pélvica se realiza con una sonda transvaginal y permite evaluar particularmente el útero y los ovarios. Este examen se realiza al inicio del ciclo menstrual de la paciente y sucesivamente para seguir el crecimiento folicular.
Esta prueba diagnóstica se realiza mediante un tampón vaginal con el cuál se obtiene moco vaginal. El análisis de esta muestra permite evidenciar la eventual presencia de infecciones que pueden interferir con el proceso de la fecundación.
Las trompas de Falopio realizan una función esencial durante la reproducción. Representan, en concreto, el lugar dónde se encuentran la célula huevo (ovocito) y los espermatozoides. Además, realizan el transporte del embrión hasta la cavidad uterina para su posterior implantación.
La histerosalpingografía es un examen radiográfico que permite evidenciar la permeabilidad de estas estructuras. Se efectúa por vía transvaginal inyectando un líquido de contraste que se expande desde el útero hasta las trompas. No obstante, este examen no permite evindenciar las eventuales patologías funcionales de las trompas y por lo tanto, su fiabilidad es relativa.
La histeroscopia es un examen que permite valorar la morfología de la cavidad uterina y de algunos aspectos funcionales de su revestimiento interno (endometrio) que es el lugar en el cual se verifica la implantación embrionaria. Este examen consiste en insertar en el interior del útero, previa anestesia local, por vía transvaginal un histeroscopio (un instrumento óptico que consiente visualizar el interior de la cavidad uterina).
La laparoscopia es el examen diagnóstico más idóneo para valorar la unidad tubo-ovárica, la morfología uterina, la eventual presencia de adherencias pélvicas y de endometriosis. Este control se efectúa con anestesia general y consiste en insertar una sonda óptica en la cavidad peritoneal a través de una pequeña incisión realizada a nivel de la cicatriz umbilical.
Se realiza con la sangre de la paciente y permite identificar la presencia de algunos anticuerpos (anti-espermatozoides, anti-núcleo, anti-músculo liso, anti-cardiolipina, etc.) que, si están presentes, pueden interferir con el proceso de fertilización e implantación embrional.
Este test permite valorar la supervivencia de los espermatozoides en el moco cervical y su comportamiento varias horas después de la relación sexual. Para este test se realizan recogidas del moco (vaginal y cervical) utilizando jeringuillas de insulina sin aguja después de entre dos y cuatro horas de la relación sexual. Se deduce por lo tanto el número y la movilidad de los espermatozoides presentes en las muestras. Si están presentes espermatozoides con movimientos fuertemente progresivos se pueden excluir los factores cervicales como causa de la infertilidad.
Si el test resultase anormal (espermatozoides inmóviles) o negativo (sin espermatozoides), es necesario repetirlo. Si el PCT se lleva a cabo demasiado pronto o tarde respecto a la ovulación podría resultar negativo aunque en realidad sean mujeres fértiles.
Este examen se realiza sobre una muestra de sangre de los pacientes y permite analizar el número y la estructura de cada cromosoma que constituyen el patrimonio genético. Las alteraciones de los cromosomas son relacionadas con patologías que pueden ser transmitidas al hijo.